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Jessie J pasa por Madrid como un trueno sin relámpago

Aquí hay madera, pero sin tallar, hay actitud, pero falta fondo, y hay voz, pero no matices. Jessie J, el "sonido de 2011" según los críticos británicos, es -como una de sus canciones- un trueno, pero un trueno sin relámpago que a su paso por Madrid, como la tormenta de hoy, no ha calado más allá de sus fans.
Por su entrega, son ellos el capital más sólido que arrastra consigo Jessica Cornish, a pesar de que no han sido suficientes para completar en su primer concierto en España el aforo del Palacio Vistalegre de la ciudad, a un sesenta por ciento de capacidad.
Un día antes de tocar en el Rock in Rio de Lisboa y sin haber ofrecido apenas actuaciones desde noviembre, en Madrid ha retomado el "Alive Tour" con sorpresas como el estreno "Keep us together", un inédito que podría estar en su tercer disco.
Se trataba en todo caso de mostrar sus dos álbumes en el mercado, "Who you are" (2011), columna vertebral del espectáculo como granero de sus principales temas, y "Alive" (2013), que no ha alcanzado la repercusión de su predecesor.
Se ha venido con un orden reinventado en el repertorio que juega en contra de "Domino", esa éxito inspirado -dice- en "I wanna dance with somebody" de Whitney Houston y desaprovechado quizás al sonar demasiado pronto, cuando la tormenta "Jessie J" aún no ha empezado a gestarse.
Y eso que intenta irrumpir con fuerza en el escenario entre gorgoritos, como anunciando: "Aquí estoy yo", con la melena de nuevo más larga y toda de blanco, con calzado cómodo para corretear de lado a lado y una minifalda alta tableada que le permite oscilar la cadera hasta casi barrer la tarima con las nalgas.
Identificada ante el gran público como otra embajadora musical del "empoderamiento femenino", nutre ese cáliz con canciones como "Sexy lady", la primera en sonar, en la que reivindica la importancia de sentirse bien con uno mismo, más allá de estereotipos.
La acompañan cuatro músicos y dos coristas que resultan vitales en muchos momentos, aunque no porque la cantante no llegue a las notas, ya que el apartado vocal es otro de sus fuertes. La tara en todo caso radica en su empeño en empujar la voz haciéndola oscilar siempre de la misma forma, lo que termina resultando repetitivo y tosco.
Lo mismo sucede con la puesta en escena. Un arco de pantallas y multitud de focos parapetan el espectáculo, pero lo que prometía ser "épico" en sus palabras, acaba siendo un conglomerado de luces demasiado sin personalidad.
Con todo, hay espacio para las sorpresas, como cuando en mitad de "Calling all hearts", el funk en el que colabora con Robin Thicke, versiona "Treasure" de Bruno Mars, o como cuando más tarde interpreta "Conquer the world" e introduce "Wonderwall" de Oasis.
Es entonces cuando se hace más evidente que Jessie J no anda escasa ni de talento ni de actitud, pero sí de repertorio, de ese relámpago que dé resplandor a una actitud creíble, una energía anfetamínica, además de carisma y simpatía de sobra.
Cuando Cornish fue elegida "Sonido de 2011" en la porra de la BBC en la que en años anteriores fueron designados Keane, Adele y Mika, por detrás se quedaron James Blake (premio Mercury 2013) y The Vaccines. ¿Erraron los expertos en sus expectativas o éstas y la presión del mercado han ahogado su evolución?
A su favor en ese debate queda el mejor tramo del concierto, con "Nobody's perfect", "Wild" o "Thunder". En esos momentos le funciona hasta "Laserlight", el corte de estilo dance que le produjo David Guetta. El público brinca, baila y canta, como si Jessie J no fuese aún la diva pop menor que es, a tenor de sus cifras.
Ella se dirige a ellos de tú a tú de forma continua, les pregunta sus nombres, los mima con continuos guiños, algunos muy manidos como el de lucir la bandera nacional, y los convierte en confidentes.
"No sabéis lo difícil que es recordar dónde tienes que pararte a respirar y aprovechar para mover la cadera hasta el suelo antes de volver a cantar", bromea, antes de presentar su nuevo corte, "Keep us together", "uno de los temas más difíciles de cantar". "¡Subidla a Youtube!", invita con guasa.
La canción, un r&b de su estilo, no suena a "hit" y, a partir de ahí, la tormenta baja a fina lluvia, con un tramo acústico compuesto por "Conquer the world", "You don't really know me" y "Who you are".
El trueno vuelve cuando afronta su vena más hip hop, con "Excuse my rude" y "Do it like a dude", que acaba con un atronador solo de batería final, pero no dice mucho del show el que las partes rapeadas de B.o.B. y Becky G suenen pregrabadas sin más.
Será por cosas así que, cuando al cierre de la velada suena su gran éxito "Price tag", en el que invita a disfrutar del mundo sin pensar en precios ni etiquetas, se hace inevitable pensar que durante su concierto en Madrid ha caído una tormenta de saldo.